miércoles, 2 de marzo de 2011
Templo del Valle
Templo del Valle es el nombre de una construcción adjunta a cada pirámide. Actuaba como entrada al complejo funerario y estaba unido al templo funerario (situado junto a la pirámide) por una calzada. En general, estaban dotados de dos puertas con un vestíbulo y una sala hipóstila, de forma similar a los templos funerarios. Su finalidad era realizar en él los ritos de purificación de la momia del faraón, que era llevada en procesión por la calzada hasta su mausoleo.
Templo del Valle de Kefrén
El Templo del Valle más conocido es el de Kefrén, situado en su complejo funerario de Guiza; a 500 m de la Pirámide de Kefrén, está cerca de la Gran Esfinge y casi intacto al haber estado cubierto por la arena hasta el siglo XIX. De planta cuadrada, sus muros de piedra caliza miden 45 m y su grosor va en disminución, dándole un aspecto exterior de mastaba. Las paredes están revestidas de granito rojo pulido tanto interior como exteriomente, mientras que el suelo es de caliza blanca. Lo descubrió Auguste Mariette en 1852, y le dio el nombre de templo de la Esfinge, creyéndolo al servicio de ésta.[1]
Está construido sobre una pendiente, por lo que sus muros son de diferentes alturas. Las entradas están flanqueadas por esfinges, y el techo de la cámara está apoyado en columnas también de granito rojo. Está desprovisto de pinturas e inscripciones, y tiene unas aberturas en la parte alta de los muros que proporcionan luz natural.[2] [3] Su interior estaba decorado con estatuas del faraón, que se colocaron en un pozo existente en fechas posteriores a su construcción. Están todas muy deterioradas, salvo una de diorita que se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo.
Templo del Valle de Abusir
Situado en la necrópolis de Abusir, fue construido por orden de Nyuserra y se encuentra en estado ruinoso. Se llegaba a él desde el templo Solar por una calzada
Templo del Valle de Keops
Está en Guiza, pero sobre él se construyó la aldea de Nazla el-Saman, por lo que no ha podido ser estudiado ni recuperado. La calzada ceremonial figura en los planos del siglo XIX, pero apenas es visible ahora.
El Valle de los Reyes
Un apartado lugar como última morada real egipcia
Abierto entre las montañas tebanas, un apartado valle esconde en las entrañas de sus laderas, los sepulcros de los faraones...
Los faraones del Imperio Nuevo escogieron un discreto valle de las orilla occidental de Tebas como lugar de su último reposo. Aquel lugar era conocido como Ta Sejet Áat (la gran pradera), pero Champollion en su único viaje al país del Nilo, lo bautizó como el Valle de los Reyes, al traducir la expresión Uadi Biban el Moluk (El Valle de las Puertas de los Reyes).
La elección de este lugar no fue hecha al azar, sino que seguía la costumbre religiosa de ubicar en el horizonte occidental el reino de los muertos. Este carácter funerario estaba reforzado por la situación cercana al valle, de una montaña que era similar a la de una pirámide. Esta montaña recibía el nombre de El-Qurn, y daba al entorno una imagen parecida a las tumbas de los faraones del Imperio Antiguo.
Aquel valle pudo ser en la más lejana antigüedad, el cauce de un río y su curso se bifurca en dos ramas, la occidental denominada Valle de los Monos, por la representación de doce monos en la tumba del faraón Ay (1337-1333 a.C.), zona en la que solo se han podido catalogar 4 tumbas y la principal o Valle de los Reyes en el sector oriental, con la mayor parte de las tumbas catalogadas (sobre unas 58 en total). Las sepulturas del Valle de los Reyes, han recibido la calificación de dos letras o siglas “KV” seguidas de un numero, que significan en inglés, Kings Valley.
La seguridad del descanso de los monarcas egipcios
Este apartado valle proporcionaba a los regios cadáveres, un sosegado descanso y se conseguía una seguridad extraordinaria, ante los intentos de los profanadores de sepulturas, ávidos de robar las riquezas que estas atesoraban.Existía un cuerpo de vigilancia especial de policía, el denominado Medyai, que de manera implacable castigaba con la muerte, a cualquier ladrón de tumbas que fuera sorprendido.
Por otra parte, estaba la diosa-cobra local Meretseger, denominada también “La que ama al silencio” que era la encargada de velar simbólicamente por la seguridad de las necrópolis del Valle. Además, a la entrada de este, se encontraban los enormes y temidos Colosos de Memnón, que parecían proteger la entrada al lugar y disuadir a los posibles saqueadores.
El fundador del Valle de los Reyes en el país del Nilo
Amenhotep I, hijo del faraón Amofis y de la reina Nefertari, fue el artífice de la renovación de las costumbres funerarias reales egipcias, que habían sufrido pocas modificaciones desde el Imperio Antiguo. Merced a esta circunstancia, existen escritos sobre su divinización como dios celeste.Gracias a la elección del Valle de los Reyes por parte de Amenhotep I, cuya tumba aún no ha sido encontrada, se cambió el concepto de complejo funerario que se tenía hasta el momento. De esta manera la tumba real se separaba del templo, y este se construyó cerca de la orilla del río o en otro lugar cercano.
El concepto de estructura de las tumbas fue variando a lo largo de los siglos. Las plantas mortuorias seguían dos modelos: el de la Dinastía XVIII en forma de ángulo recto y el de la Dinastía XX de tipo rectilíneo. En ambas circunstancias el sarcófago se solía situar en la sala más profunda, y todas las paredes del recinto funerario, se decoraban con abundantes pinturas alegóricas.
El descubrimiento de las tumbas en el Valle de los Reyes
Poco a poco, la llegada paulatina de viajantes y exploradores europeos a partir del siglo XVIII d. C., significó un florecimiento de toda la zona que ocupaba el valle. Investigadores y dibujantes llegaron a aquel paraje y el resultado de aquel disperso trabajo, quedó reflejado en diversos estudios y dibujos.De entre ellos, destaca el inglés David Roberts, que durante su viaje a Egipto en 1839, realizó una serie de extraordinarias láminas que ilustraron al mundo, sobre las portentosas peculiaridades del Valle de los Reyes.
De manera casi sigilosa, habían comenzado los trabajos de desentrañar los secretos que los faraones se habían llevado consigo a la tumba. Todo este trabajo culminó cuando en 1922, Howard Carter, logró descubrir y abrir la única tumba intacta del lugar: el hipogeo del faraón Tutankamon.
Gran Esfinge de Gizeh
La Gran Esfinge de Giza es un gran monumento en la margen occidental del río Nilo, en la meseta de Giza o Gizeh, cercana a la actual ciudad de El Cairo y de la antigua Menfis. Se supone que la cabeza es una representación del faraón Kefrén (2510-2485 adC), y el cuerpo es el de un león. Otras versiones piensan que el cuerpo es de un perro egipcio, símbolo de Anubis, que era considerado el guardián de la Duat. Fue construida durante la Cuarta Dinastía.
Forma parte de una necrópolis en la que destacan las tres grandes pirámides de: Keops (la mayor), Kefrén y Micerino, obras todas ellas consideradas de los faraones de la IV dinastía. La Gran Pirámide es la única de las siete maravillas del mundo aún existente.
Es el más monumental ejemplo de escultura egipcia: mide 73 metros de largo por 20 de alto y 14 de alto. Se realizó esculpiendo un montículo de roca caliza existente en el lugar, aunque posteriormente se le añadieron sillares de piedra, como revestimiento, para proteger las partes más deterioradas del cuerpo.
La esfinge es un animal fabuloso con cuerpo de león y cabeza humana, en este caso la del monarca. Su función es funeraria, puesto que se encuentra cerca de la pirámide y aun más cerca del templo del valle del que constaban las pirámides. En ella podemos advertir las características de la escultura egipcia: hieratismo, frontalidad e idealización.
Al igual que las grandes pirámides tiene una orientación determinada: en este caso mira hacia el este, hacia el lugar por donde sale el sol, hecho que está relacionado con las creencias religiosas y de ultratumba de los antiguos egipcios.
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